Las Barbas y la Calvicie

 

Muchos hermanos en la fe están convencidos de que los hombres deberían llevar barba, como lo han venido haciendo los israelitas a lo largo de toda la historia, sin embargo, no se considera obligatorio hacerlo. El propósito de este estudio es informar al lector de lo que dicen las Escrituras acerca de las barbas y demostrar que es una ley de Yahwéh, que debería ser obedecida.

Comencemos echando un vistazo a los que dicen los mandamientos, según Lev. 19:26-28: "No comeréis cosa alguna con sangre. 'No practicaréis la adivinación ni la brujería. No cortaréis los extremos de vuestro cabello, y no estropearéis la punta de vuestra barba. No haréis incisiones en vuestros cuerpos a causa de algún difunto, ni grabaréis tatuajes sobre vosotros. Yo, Yahwéh."

Fijémonos en que incluso en nuestros días continuamos obedeciendo lo que dicen los versículos 26 a 28. La cuestión es, ¿tenemos que obedecer al 27? Como leemos en Lev. 19:1, 2 estos mandamientos son para el pueblo de Israel, al cual pertenecemos gracias al Mesías. En el versículo 27 de la versión inglesa KJV se usan dos palabras, que no ayudan precisamente a entender con claridad este versículo "dañar" y "rincones (puntas)". A menos que tenga usted una cabeza cuadrada no puede usted tener "rincones". La palabra "rincones " en hebreo es "peah", que quiere decir "región o extremidad" según la Concordancia Strong. Si hacemos un estudio de las palabras de versículos como los que encontramos en Ex. 36:25; Job 18:14, 15; Núm. 24:17; Eze. 41:12 y Lev. 19:9 descubriremos el significado correcto de "bordes" o "el perfil de la imagen." Si vemos las referencias anteriores el "peah" o esquina de un edificio son sus paredes, del mar es el perfil de la costa, de un país como Moab sus fronteras, de un campo sus límites; de una barba el perfil que forma la imagen. En otras palabras, el perfil formado por el pelo, alrededor de las mejillas, la parte inferior del cuello, debajo del labio, etc. Las barbitas de chivo, las más anchas, los bigotes al estilo Hitler y las caras completamente afeitadas están todas prohibidas por Yahwéh. Por cierto, la costumbre judía de no cortarse las patillas se basa en una comprensión errónea de este pasaje de las Escrituras.

La palabra "dañar" en hebreo es "shachath", que quiere decir producir decadencia o ruina y también se traducía como "destruir, perecer, echar, corromper y derrochar totalmente". De modo que lo que realmente está diciendo este mandamiento es "no destruyáis por completo las puntas de vuestra barba." La única manera de destruir por completo la barba es afeitarse el pelo de la cara. La manera más corriente de hacerlo es afeitándose, lo cual arruina y daña totalmente la barba. Eso crea calvicie en la piel y, como veremos más adelante, la calvicie se relaciona con la vergüenza y la profanación en todas las Escrituras. Está permitido recortar la longitud de la barba porque eso no provoca la calvicie, sino que añade al atractivo del hombre.

El "redondear las puntas de su cabeza" significaría crear calvicie alrededor de la propia cabeza, como hacen algunas personas, que solo tienen un pedazo circular de pelo sobre la cabeza.

Lo que dice lev. 19:27 es algo entre una larga lista de mandamientos que se prolongan hasta Lev. 20:21. Los versículos 22 a 26 nos enseñan a santificarnos entre el mundo incrédulo, que nos rodea. Hay personas que se hacen tatuajes, que se estiran el cuello con anillos de metal, que se afeitan la cabeza, dejándola calva o se graban palabras y diseños en el pelo. Esto muestra una absoluta falta de reverencia hacia sus cuerpos. ¡Cuánto más no debiéramos reverenciar nuestros cuerpos si pensamos que son templo del Espíritu Santo!

En Lev. 21:1-6 encontramos un mandamiento por el estilo. Estos versículos tienen que ver con los sacerdotes, con Aaron y sus hijos. Se dice que los creyentes de nuestros días también son sacerdotes, de manera que, desde el punto de vista espiritual, este mandamiento nos lo podríamos aplicar. Pero incluso aunque no sea así, podemos entender los sentimientos de Yahwéh con respecto a crear calvicie en nuestra cabeza. No solamente profanaría o se estropearía el sacerdote a sí mismo, sino que profanaría el nombre de Yahwéh (v. 6), por lo tanto el sacerdote consideraba el no afeitarse como algo sagrado.

Solamente se puede profanar o contaminar algo que es santo. Ezequiel habla acerca de profanar el santuario en el Sábado. Ambos son santos y no pueden ser profanados y los creyentes también somos santos; de hecho, somos un sacerdocio santo y nuestros cuerpos son templos sagrados. Si comemos cerdo profanamos el templo del Espíritu Santo (Lev. 11:44) Si creamos calvicie en nuestra cabeza o en nuestro rostro estamos profanando el templo de Yahwéh.

Lev. 21:16-23 nos habla acerca de la simiente de Aaron, sin mácula. Siempre que al sacerdote le sucede algo, que altera su imagen, que ha sido creada, ésta queda empañada. Por eso es por lo que Yahwéh les dijo que no debían producirse la calvicie sobre sus cabezas o rostros y que no podían volver a servir como sacerdotes hasta que no fueran nuevamente sanados.

La mayoría de los comentaristas aplican estos últimos capítulos de Ezequiel al reino milenario. Fíjese el lector en lo que dice en Eze. 44:20. No se permitía a los sacerdotes afeitarse, pero sí se les permitía cortarse el pelo para que no lo tuviesen demasiado largo. Yahwéh no quiere que el pelo de la cabeza del hombre sea demasiado largo y no quiere que el pelo ni la barba tengan un aspecto descuidado o desaliñado. En Iª Cor. 11, el apóstol Pablo dice que es una vergüenza que el hombre lleve el pelo largo y también lo era que estuviese calvo o no llevase barba. En IIª Samuel 10:4, 5 nos habla acerca de una ocasión en la que a los hombres del Rey David sus enemigos les cortaron media barba haciendo que sintiesen una gran vergüenza, pero fíjese lo que David les dijo que hiciesen. No les dijo que se afeitasen la otra mitad y que regresasen a Jerusalén, sino que esperasen en Jericó hasta que les volviese a crecer la barba y que entonces regresasen.

Algunas personas intentan usar lo que dice Gén. 41:14 para demostrar que los hombres podían afeitarse si querían. La manera más lógica de entender este versículo es ver que los egipcios obligaron a José a afeitarse cuando tuvo que presentarse ante el faraón, de la misma manera que le hicieron cambiarse la ropa. Si se mantiene a un hombre encerrado durante dos años en una mazmorra y luego se le saca de buenas a primeras para encontrarse con el faraón, no va a ponerse sus mejores vestiduras porque sin duda no tendrá una muda de ropa, pero, sin duda, los egipcios le darían ropa nueva y le obligarían a limpiarse y a afeitarse porque casi todos los egipcios se afeitaban la cabeza y no llevaban barba.

Hechos 18:18 y 21:23-26 muestran que Pablo se afeitó la cabeza cuando transcurrió el tiempo del voto nazareo que había hecho, acerca de lo cual podemos leer en Núm. 6:1, 13, 18. Una vez que el voto se había cumplido, Pablo se afeitaría la cabeza y el pelo quemado se ofrecería como ofrenda de paz. Sansón también había hecho voto nazareo, por eso el cabello largo le daba su enorme fuerza hasta que Dalila se lo cortó. Solamente había tres motivos por los que Yahwéh permitía que el hombre se afeitase la cabeza: 1) un voto nazareo 2) si se padecía lepra o una infección en la cabeza 3) por la muerte de un familiar. El afeitarse por cualquier otro motivo, incluyendo para resultar más atractivo, profanaría a la persona y el nombre de Yahwéh.

Yahwéh hizo dos profecías muy interesante acerca de la calvicie. En Isa. 3:16, 17, 24 se habla acerca de la calvicie como algo negativo e indeseable, que Yahwéh hará caer sobre las hijas de Sión por causa de su actitud altanera. Amós 8:9, 10 muestra que en el Día de Yahwéh, hará que todo el mundo se quede calvo: en otras palabras, traerá la vergüenza y el luto.

Muchas personas se han dejado engañar por la sociedad actual, creyendo que una cara lisa y bien afeitada es deseable y permisible cuando, en realidad, es en contra de la ley de Yahwéh y profana nuestro templo. Yahwéh creó a los hombres para que tuviesen barba y a continuación les mandó que no destruyesen sus barbas. No quiere que tengamos el mismo aspecto que los egipcios, los romanos, los hindúes o cualquier otra nación a nuestro alrededor.

Incluso Yahshua el Mesías, que es nuestro principal ejemplo, llevaba barba (Isa. 50:6). Con la intención de ser irrespetuosos y avergonzar a Yahshua, sus perseguidores le arrancaron los pelos de su barba.

En el Antiguo Testamento hay ciertos mandamientos que ya no cumplimos porque se han cumplido de alguna manera. Sin embargo, en lo que se refiere a las barbas y a la calvicie, ya no lo cumplimos. Si ya no tenemos que obedecer estos mandamientos, ¿cuándo y por qué dejaron de existir?

Algunos hermanos creen que la ley en contra de afeitarse la barba era un requisito cultural, que solo se aplicaba a Israel. Si ese fuese el caso, lo mismo podríamos decir acerca de los días de fiesta y muchas otras leyes. El hecho de que Yahwéh crease a los hombres con barba, como una parte natural de sus cuerpos, muestra que Yahwéh las desea para todos los hombres, no solamente para los israelitas. Teniendo en cuenta que Gálatas 6:16 llama a los creyentes "el Israel de Yahwéh", debemos someternos a las leyes que le dio Yahwéh a Israel.

Otros dirán que no todos los hombres pueden dejarse crecerse la barba y, por lo tanto, ellos tampoco tienen por qué hacerlo. No todos los creyentes pueden marcar el comienzo del Shabat siguiendo la puesta de sol visual, pero a pesar de ello deben santificar y guardar el sábado. Yahwéh no hará responsable al hombre que no pueda dejarse crecer la barba ni tampoco alejará la vista de un hombre al que se le caiga el pelo de manera natural. Sin embargo, el hombre que se afeite a propósito la barba o la cabeza, aparte de los motivos que permiten las Escrituras, será responsable de haberlo hecho.

La evidencia es concluyente a favor de la observación continuada de estos mandamientos y yo, por mi parte, no me volveré a afeitar el rostro. Y usted ¿qué piensa hacer?

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